Por Marlyn Matos y Efraín Javier
Los seres humanos se han volcado sobre si mismos de tal manera que no perciben lo que pasa a su alrededor, salvo poquísimas excepciones como fue el caso de la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Doña Chucha entre otros muchos héroes anónimos.
Es como si la función de la vista en las mayorías del pueblo dominicano ha sido afectado por un virus que ha alcanzado las dimensiones de epidemia, es como cuando se mira y no se ve y solo se vez aquellos que nos interesa o nos conciernes.
Diariamente como un ejército de zombies comandados por la agobiante rutina, las personas se levantan para hacer sus actividades, salen de sus casas, miran el camino y no ven al niño que carga la caja de limpiabotas que “impulsa su destino”, esperan la guagua, más no prestan atención al adolescente que hace de su vida una noticia mientras vende un periódico, toman la OMSA y no observan la niña que, vendiendo flores, pretende embellecer su existencia y dar colorido a la ciudad.
Sal de tu mundo y observa, eso fue lo que me dije con la mirada de un niño que limpiaba el cristal del carro público en que me transportaba al trabajo, lo observé, y noté que no podía tener más de cinco años, también note que tenía que saltar porque no era todavía lo suficientemente alto como para pasar la esponja por el cristal, sentí que las lágrimas mojaban mi rostro, el carro público avanzó y no ví más aquel niño que de una u otra manera trataba de avanzar.
Aquel día pensé mucho en ese encuentro y, después de reflexionar, llegué a la conclusión de que no lloré porque el niño me causara pena alguna, sino quede impresionada por el valor que ese pequeño enfrentaba la vida, lloré por la indeferencia y por la poca importancia con la que tratamos estos problemas de nuestra sociedad. Lloré de rabia ante la impotencia, pero lloré aún más de dolor, porque nunca quise ver que el mundo de los seres humanos era tan inhumano.
El niño de la esquina de la Lincoln con 27 de Febrero me quito el velo de los ojos y me devolvió uno de mis cinco sentidos, aún cuando no sabía que lo había perdido, tuvo el coraje de gritarme en mi propia cara que no fuera tan egocéntrica, que el mundo no gira de mí por más que yo quisiera, y todo me lo dijo una mirada.
De una breve observación surge una experiencia que puede cambiar tu vida, por lo tanto, si en algún momento piensas que el mundo se te viene encima y se cae a pedazos sobre tus pies, que tienes muchos problemas y que la rutina te ha envuelto: sal de tu mundo y observa.
Observa a los niños de la calle, a los ancianos mendigos, a los paralíticos y a todos los que necesitan tu ayuda, preguntate a ti mismo qué puedes hacer por ellos, toma tu experiencia, tradúcela en palabras y, como yo, enfrenta a alguien mas y grítale: Sal de tu mundo y observa.
Esta página está destinada a decir cosas muy poco común y para ayudar a crecer la cultura en general, no tenemos temas favoritos, sino que todo lo escrito cabe aquí, siempre y cuando sea en bienestar de la humanidad y nunca para maltratar a nuestros semejantes. Esta página es para nosotros y los que se parecen a nosotros.
jueves, 4 de septiembre de 2008
De una observación, una experiencia
Publicadas por
A media voz
a la/s
7:42 p. m.
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Hola Efra,me resisto igual que tú a dejar de asombrarme. Aún tenemos tiempo de rescatar la solidaridad, la esperanza, los sueños de tener un país mejor; un país sin tantos niños en las calles...Espero que las cosas mejoren algún día.
ResponderBorrarabrazos
Negro hermosos,
ResponderBorrarpasaba por aquì y he leìdo tu post y cierto. Yo, como tu y como Judith me resisto a creer que las cosas no pueden cambiar, no me conformo con que somos asì, no me conformo con que asì lo impuso Trujillo o Balaguer, que si los polìticos o quien sabe.
Yo sigo creyendo en utopìas que son la fuerza motor para seguir la lucha.
Un fuerte abrazo