miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL TRABAJO DE LA MUERTE

Por Efrain Javier

Nadie se imaginó que la mañana del sábado y la noche del domingo 24 y 25 de agosto serían los últimos días del general Guillermo de la maza y el raso miembro de su escolta Ramón Figueroa, ni siquiera ellos hombres de combate pensaron jamás que caerían abatido de tal manera.

Ramón salió de su casa ese sábado muy temprano en la mañana, se despidió de su esposa y su hija y le dijo “cuando venga iremos al cine, ya que voy a ganarme un buen dinero”, la felicidad era tan grande que su sonrisa competía con los rayos del sol.

Llegó temprano a su trabajo a encontrarse con su superior, el general De la maza, empezaron la faena como todos los días, dispuesto a darle duro al trabajo, ya que el mismo era urgente y lo estaban esperando.

Lo que nunca se imaginaron el general y el raso era que sus horas estaban contadas y no por la premura del trabajo, sino por lo que el destino le tenía preparado, Ramón hombre de buen comer, no se preocupó por almorzar a la hora acostumbrada, ni el sábado y mucho menos el domingo, sólo pensaba en el dinerito que se ganaría y lo bien que lo pasaría con su niña de tres años y su joven esposa.

Por su lado el general Guillermo De la Maza, hombre bonachón y de familia, nunca fue abusador y siempre muy cumplidor en sus funciones algo muy anómalo para un hombre de arma, y más para la época que hizo carrera militar en los 12 años de Joaquín Balaguer.

El general siempre prefirió que lo llamaran por su nombre de pila, Guillermo, así era él de buena gente, jugador de dominó y tomador de tragos con su amigos, buen conversador y lector voraz de novela épica.

Ese sábado Guillermo esperó a su subalterno con la tranquilidad acostumbrada, no era hombre de presión y ya sabía en que invertiría el dinero ganado, se soñaba manejando aquel flamante carro que traía en la cabeza hacia varios meses, se dijo: “eso es lo que yo necesito un BMW serie 5, ese vehículo es digno de mi rango pensó hacia su adentro.

Cuando Ramón llegó ya Guillermo tenía el terreno preparado, cada cosa en su lugar para no perder tiempo, Figueroa se reportó a las ocho de la mañana, se saludó con la formalidad que amerita la autoridad de un raso hacia un general, e inmediatamente se abrazaron como los dos amigos que eran fuera del trabajo.

Se dividieron el trabajo en partes iguales y comenzaron la tarea, jamás sospecharon que nunca más verían sus seres querido, no se imaginaron que ese fin de semana era el último de su vida, y quizá por eso entre faena y faena, se divertían y se hacían cuentos y chistes y de vez en cuando llamaban a su familiares y les recordaban que pronto estarían con ellos que era cosas de dos días.

Pero como dice un viejo adagio el enemigo no duerme y siempre esta al acecho, era un adversario silente y astuto le dieron seguimiento y aguardaron hasta el domingo, como el tigre espera a su presa, hasta que estuvieran listo cansado sin fuerza para correr ni defenderse, fue algo tramado hasta el último momento, no hubo errores, todo fue calculado como el mejor de los estrategas.

Ese sábado almorzaron tarde e igual cenaron a destiempo, sólo pensaban en terminar la faena antes del lunes, pues tenían otros compromisos, y así sucedió, eran hombre de no rendirse en la faena, acostumbrados a la lluvia y al candente sol, eran anfibios de mar y tierra, y si había que volar, no dudo que lo hicieran.

Ya muy tarde en la noche del domingo cuando los dos estaban exhaustos y habían terminado todas sus tareas se dispusieron a salir para marchar hacia sus hogares, con la esperanza de que el lunes tendrían dinero constante y sonante, pero nunca se imaginaron que no verían el lunes y mucho menos el dinero ofrecido.

Fue un ataque sorpresa que no le dio tiempo a nada, no hubo piedad ni misericordia, nadie tuvo clemencia, los dos quedaron irreconocibles, tomaron todo lo hecho y realizado, tan solo por no pagarle.

Y nadie pensó en sus familiares, en la esposa y la pequeña hija del raso Ramón Figueroa y mucho menos en los hijos y nietos del general, en el dolor que le dejaron a sus seres queridos.

Si el general y el raso se hubiesen imaginado que por realizar un trabajo iban a encontrar la muerte, a lo mejor se hubiesen quedado en sus casas disfrutando de sus familiares y amigos.


En Paz Descansen

miércoles, 10 de septiembre de 2008


Aquí están cuatros mujeres de de mi fans la negra Maria S. y Albida S. detras y las dos de adelante las joyas más bellas de los Polanco es decir Angel y Aura, se que esta foto dará mucha envidia a muchos

A PROPÓSITO DE LA TEMPORADA CICLÓNICA EN EL PAÍS

Ahora que estamos en época de huracanes y que parece que este año será muy activa, a sabiendas que somos un país muy vulnerable y que con bastante frecuencia acontecen tragedias como la de Guachupita, todo el mundo sale a buscar un culpable o los culpables del desamparo, si es el gobierno de turno o son los moradores de esa barriada que no entienden, pero no quiero buscar culpable, solo preguntar ¿cuánto vale la vida de un pobre?

Y entonces recordé un taller que recibí de un profesor chileno en el área de la publicidad. El nos explicaba de los reclamos que se le hacen a los gobiernos y de las respuestas tardías de los mismos, luego de ocurrida la desdicha.

En esa ocasión nos decía que muchas veces los vecinos de un lugar, transeúntes, periodistas, políticos de oposición, la sociedad civil, etc., etc., reclaman por el arreglo de una avenida, la baranda de un puente, por el retiro de un escombro de la calle, el arreglo de una zanja y hasta que no ocurre una desgracia no aparece la autoridad competente, y ahí viene mi pregunta, ¿cuánto vale la vida de un pobre?

La respuesta a mi pregunta es que la vida de un pobre vale, en relación al caso de Guachupita, donde recientemente un alud de tierra enterró a una madre, sus seis hijos y una vecinita, RD$125,000.00, dinero que para muchos funcionarios de alto rango no es más que las monedas que se llevan en el bolsillo, pues su salario es el doble, triple y hasta ocho veces esa cantidad, y que para esa familia pudo ser la salvación, pero para solucionar el problema, un millón de pesos, era mucho dinero para el ayuntamiento del Distrito Nacional.

Ciento veinte y cinco mil pesos en este caso, pero en otros debe valer menos, mucho menos, porque a veces todo depende de la voluntad de alguien. Ojalá en el futuro no pensemos en el dinero, pues no se sabe si dentro de ese grupo de menores fallecido había un Félix Díaz, un Gabriel Mercedes o quizás algún presidente de la República, pero como un millón de pesos es mucho dinero para salvar la vida de un pobre, ahora tendremos que esperar algunos veinte años más, para ver si de esas barriadas marginadas de las que solo nos acordamos cada dos años cuando hay temporada electoral, podremos sacar algún o alguna medallista olímpico o un genio de la física o la matemática.
Por ahora, a propósito de la temporada ciclónica, solo resta pedirle prestada a mi amigo José Armando Polanco una lágrima para poder llorar mis muertos.

jueves, 4 de septiembre de 2008

De una observación, una experiencia

Por Marlyn Matos y Efraín Javier


Los seres humanos se han volcado sobre si mismos de tal manera que no perciben lo que pasa a su alrededor, salvo poquísimas excepciones como fue el caso de la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Doña Chucha entre otros muchos héroes anónimos.
Es como si la función de la vista en las mayorías del pueblo dominicano ha sido afectado por un virus que ha alcanzado las dimensiones de epidemia, es como cuando se mira y no se ve y solo se vez aquellos que nos interesa o nos conciernes.

Diariamente como un ejército de zombies comandados por la agobiante rutina, las personas se levantan para hacer sus actividades, salen de sus casas, miran el camino y no ven al niño que carga la caja de limpiabotas que “impulsa su destino”, esperan la guagua, más no prestan atención al adolescente que hace de su vida una noticia mientras vende un periódico, toman la OMSA y no observan la niña que, vendiendo flores, pretende embellecer su existencia y dar colorido a la ciudad.
Sal de tu mundo y observa, eso fue lo que me dije con la mirada de un niño que limpiaba el cristal del carro público en que me transportaba al trabajo, lo observé, y noté que no podía tener más de cinco años, también note que tenía que saltar porque no era todavía lo suficientemente alto como para pasar la esponja por el cristal, sentí que las lágrimas mojaban mi rostro, el carro público avanzó y no ví más aquel niño que de una u otra manera trataba de avanzar.

Aquel día pensé mucho en ese encuentro y, después de reflexionar, llegué a la conclusión de que no lloré porque el niño me causara pena alguna, sino quede impresionada por el valor que ese pequeño enfrentaba la vida, lloré por la indeferencia y por la poca importancia con la que tratamos estos problemas de nuestra sociedad. Lloré de rabia ante la impotencia, pero lloré aún más de dolor, porque nunca quise ver que el mundo de los seres humanos era tan inhumano.
El niño de la esquina de la Lincoln con 27 de Febrero me quito el velo de los ojos y me devolvió uno de mis cinco sentidos, aún cuando no sabía que lo había perdido, tuvo el coraje de gritarme en mi propia cara que no fuera tan egocéntrica, que el mundo no gira de mí por más que yo quisiera, y todo me lo dijo una mirada.
De una breve observación surge una experiencia que puede cambiar tu vida, por lo tanto, si en algún momento piensas que el mundo se te viene encima y se cae a pedazos sobre tus pies, que tienes muchos problemas y que la rutina te ha envuelto: sal de tu mundo y observa.
Observa a los niños de la calle, a los ancianos mendigos, a los paralíticos y a todos los que necesitan tu ayuda, preguntate a ti mismo qué puedes hacer por ellos, toma tu experiencia, tradúcela en palabras y, como yo, enfrenta a alguien mas y grítale: Sal de tu mundo y observa.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Derechos Humanos con Vianco




SANTO DOMINGO.- La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) demandó del sector periodístico y los sectores democráticos estar atento al caso del periodista Vianco Martínez, agredido física y moralmente por personeros al servicio del empresario artístico Symon Díaz en el interior del Teatro Nacional.
De acuerdo con el abogado Andrés Céspedes, primer vicepresidente de la CNDH, si se permite que el caso de Vianco Martínez quede impune fomentando el irrespeto y la desconsideración contra la clase periodística y a la libertad de prensa.
Céspedes señaló que en el país se vienen dando lo que definió como hechos preocupantes contra los comunicadores, expresados en asesinatos, como el caso del camarógrafo santiagués Normando García, las demandas contra los periodistas Huchi Lora, Nuria Piera y Alicia Ortega, la golpiza a Vianco Martínez y últimamente el ultraje a la reportera de televisión Solangel Santana por parte de personal de seguridad de la Torre Empresarial y el Consejo Nacional de la Empresa Privada.
El abogado y defensor de los derechos humanos observó que el empresario artístico Symon Díaz está moviendo recursos que definió de “obscuros” para que la agresión contra Martínez quede impune y así favorecer a sus espalderos, personas a las que definió como de “instintos altamente preocupantes por el perfil de violencia que implica dicho trabajo”.
Céspedes dijo que el periodista agredido ha sido advertido de que los personeros del empresario artísticos “estarían contemplando aplicar métodos de persuasión violenta” si Vianco Martínez continúa adelante con el proceso judicial emprendido en contra de ellos.
“Los actores judiciales que tienen este caso en sus manos deben saber que permitir la impunidad y premiar a los agresores del periodista Vianco Martínez es darle luz verde a aquellos sectores que ven en el libre ejercicio del periodismo una amenaza a sus intereses malsanos, y no sería sorpresa si este valiente comunicador pasa a ser una estadística más de los caídos por defender su dignidad y la de su pueblo”, apuntó el vicepresidente de la CNDH.

lunes, 1 de septiembre de 2008

PATADAS AJENAS

Escasa fue la solidaridad con ese nuestro compañero mediático, pasando de largo la noticia de empujones y patadas por salas de redacciones y medios electrónicos.


El que a un periodista lo echen a patadas de un lugar público cuando intenta realizar su trabajo pasa casi desapercibido en un país donde se hace cada vez más invisible la línea que separa lo justo de lo injusto, lo creíble de lo increíble, la realidad de la ficción. Ese periodista quería entrevistar a Pedro Guerra, autor de canciones proteicas que invitan a la libertad, la solidaridad, el amor. Joven, sencillo, de energías estéticas conectadas con la sensibilidad epocal, Guerra probablemente ni se enteró de lo sucedido, a escasos metros de sus pies, en el Teatro Nacional. El valor de mercado de sus canciones parece erigirse en la única medida de su arte, y sus contratantes en el país lucen no comprender el tipo de relaciones humanas que el autor de Contra el poder convida a establecer en sus canciones. De lo contrario otro hubiese sido el trato dispensado a un periodista interesado en dar a conocer a sus lectores la trayectoria y la propuesta estético musical del astro de la canción postmoderna. Escasa fue la solidaridad con ese nuestro compañero mediático, pasando de largo la noticia de empujones y patadas por salas de redacciones y medios electrónicos, como síntoma de la patología corrosiva que amenaza el ejercicio del periodismo libre en nuestro país. Cuando un arrebatado de la palabra es maltratado de esa forma a uno no le queda más que mirarse en ese espejo, para en ella que es la mirada del otro saborear el amargo de percatarse de que hemos pasado a desconocer lo que somos como colectivo y como sector. Cuando periodistas se ven impedidos de realizar su trabajo por el interés de unos picadores de moneda es un hecho que por sentido común debería llamar la atención de la opinión pública, pero no, esto está lejos de ser noticia, noticia es un cabo degrado frente a una multitud por el jefe de la policía por picar transeúntes en las calles. Un cabo que se la busca por que con lo que le pagan le es imposible mantener su familia, mandar sus hijos a la escuela, pagar el alquiler de su casa y mantener su ropa limpia. Ese cabo que pica es noticia mientras se hunden en el pozo del olvido los recientes sucesos de Baní. Ese cabo es noticia cuando al mismo tiempo deja de serlo un colega pateado y golpeado al intentar salvar la dignidad de su trabajo. Así andamos en estos tiempos de lujuria mercantil, de insolidaridad intrasectorial, de búsqueda mercurial a como de lugar, de lúgubres días del periodismo nacional. Podrá gustarnos o no el carácter, el temperamento o la personalidad del autor de Palabras ajenas, pero tenemos que aceptar que se trata de un colega sin cola, sin dobleces, sin faltas en el código de ética que habita la conciencia de su profesión. En cualquier otro país la empresa del tal Symon Díaz se hubiese enfrentado al boicot, la mala fama, el repudio, el rechazo del poder mediático. ¿Por qué es distinto en RD? Las respuestas podrían ser abundantes, pero una pista para alguna certeza habría que buscarla en el entramado de las relaciones que suelen establecer los comunicadores y los medios con lo mercantil. De esta manera el trabajo de los periodistas puede comprarse y venderse como cualquier mercancía degradada en el mercado. A lo que se ha negado durante sus más de dos décadas de ejercicio inmaculado el colega vapuleado y vejado por unos esbirros que solo conocen el lenguaje de la fuerza. Un compañero ha sido maltratado y arriba de ello tratado de aplastar por la simulación de un supuesto empresario cuya actividad y persona es vista con "buenos ojos" por muchos colegas. En situaciones como éstas yo me quedo con una de las estrofas de Daniela, una de las canciones más aclamadas del gran Guerra: "Daniela es del viento y a veces se entregay pierde cosas pero otras quedanDaniela es un árbol un libro una abejaVolando entre tantas en una colmena" alfonsotorres68@gmail.com Alfonso Torres, periodista