CULTURA Y SOCIEDAD

1


No sé a qué hora me dejaste de querer

No sé que día te olvidaste de mi amor

No recuerdo el momento en que te olvidaste de mis besos

Esos que tu decía te sabían a las cuatro de la madrugada

No entendí nunca el por qué de tu partida, el por qué de tu abandono,

el por qué de tu desidia, si yo siempre estuve ahí

Y para que le diste luz a este loco corazón, para apagarla después con un simple soplo, de tus labios.


efraín Javier P.
16 de junio 2010


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Se me para.

Se me acabaron la manera de decirte que te quiero
ya no tengo más forma de implorarte que te amo
y me reclama de que no te digo que eres bella
y de lo sexy que eres o de lo sexy que te vez.

Pero cada vez que te me acerca, se me para el corazón
y mi sangre deja de correr.

Se me paran las pestañas y los vellos de la piel.

Y otras cosas se me paran cuando yo te veo mujer.
Se me paran los cabellos y se tropiezan mis dos pies
se detienen mis riñones y mi sangre no se filtra y hasta deja de correr.
Se me paran los pulmones cuando yo te veo mujer.


21de junio 2010
Efraín Javier P.


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 Escribo para el pueblo
aunque no pueda leer mi
poesía
con sus ojos rurales.
Pablo Neruda


 Norberto James
Rawlings, Poeta.
Sobre la marcha

Sobre la marcha
Vamos construyendo el canto
articulando lentamente 
los pesados peldaños de nuestra
sangre.
(En cada caída que acontece
hay un imperceptible pero seguro
ascenso).

II

Sobre la marcha
vamos venciendo la angustia
derrotando pausadamente la tristeza
que antecede
la tierna
dulce
ingenua
carcajada juvenil
reprimida aun antes de nacer.

III

Sobre la marcha
propiciamos el hundimiento
de las oscuras rutas de la derrota.
Las persistentes posibilidades del
llanto
más allá de nosotros mismos
más acá del sueño
concluido.

 IV

En medio de esta ambición
crecen las rígidas espigas
buscadoras de luz
peinando la brisa
caminando aun sin rastro en lo alto.

En el mismo centro de nuestro sueño
se elevan apaciblemente como
crecida esperanza
que
-sobre la marcha-
nos damos.

                      V

La tristeza nos precede.

VI

Siempre que intentamos cantar
la gloria de estos pueblos
compartir
la poca dulzura de los días
sonreír
junto a los niños en lo etéreo de su
mundo ingenuo
encontramos
siempre
el áspero e invisible muro de la
angustia
alzándose cortándonos el paso
perturbándonos la marcha.